Atravesando el espejo mágico

A través del espejo

El sendero que todo onironauta debe seguir no es para nada fácil. Cuando comencé a entrenar para obtener sueños lúcidos a voluntad me encontré con varios obstáculos. Al comienzo, cuando intentaba la técnica WILD y lograba relajarme, aparecían en mi mente imágenes de monstruos dignos de haber sido diseñados por H.R Giger, lo cual me hacía perder la concentración y me frustraba bastante. Pero no me rendí y con un poco de práctica, logré ignorarlos y dejaron de aparecer.

No obstante, cuando al fin logré llegar consciente a la parálisis del sueño me asustaba y era incapaz de dejarme llevar por lo que acababa despertándome entre sudores y angustiada. Persistí y logré que los síntomas de la parálisis se atenuaran y al fin me vi despertándome en un sueño lúcido, pero entonces, comenzaba a notar extrañas sensaciones en mi cuerpo, como si algo estuviera trepando por él y claro, también me asustaba y me despertaba. Consulté en grupos de onironautas y me dijeron que eran “larvas astrales”. Fueran lo que fueran no podía dejar que me impidieran lograr mi objetivo, que era aprender a soñar lúcidamente, por lo que traté de buscar alguna solución.

Cómo logré mi primer sueño lúcido

Tracé entonces un plan de acción y decidí tener claro qué iba a hacer dentro del sueño la próxima vez que lograra llegar consciente al mundo onírico. Y mi decisión fue invocar un espejo. Un espejo con cualidades mágicas que si lograba traspasar me llevaría a un mundo inofensivo donde nada podría ocurrirme. Había leído bastante sobre el tema y si algo me había quedado claro era que la mente es muy poderosa, tanto para lo bueno como para lo malo. Yo sólo tenía que enfocarme en creencias positivas para lograr mi objetivo.

No quiero inducir a nadie al alcoholismo, pero para ser sincera, aquella noche a la hora de la cena me había tomado un par de copas de vino tinto. Y cuando digo un par, era un par, no cuatro ni tres, sino dos copas. No sé hasta que punto esto influyó en que lograra soñar lúcidamente, pero me veo en la responsabilidad de incluir este factor para ser lo más precisa posible. La mayoría de mis sueños lúcidos, también hay que decirlo, han sido sin tomar ningún tipo de sustancia previamente, por lo que no creo que sea algo determinante. En fin, me fui a la cama y dormí del tirón hasta las cinco de la mañana.

Entonces, noté una presión sobre mí y me desperté. Era mi gata, aquella noche, no sé por qué, le había dado por no dejarme dormir. Pero lejos de enfadarme, tomé aquello como una oportunidad para poner en práctica las técnicas sobre las que había leído. La verdad es que sin mucha esperanza, porque ya me encontraba algo desmotivada dadas mis anteriores experiencias. Entonces, me puse a meditar y tras una elipsis temporal, me di cuenta de que estaba teniendo la parálisis. “Acepto lo que estoy sintiendo, acepto lo que estoy sintiendo”, me dije a mí misma cuando mi cuerpo comenzó a vibrar. Entonces todo se atenuó y empecé a notar cómo flotaba.

El sueño

Mi cuerpo, completamente liviano, comenzó a elevarse hasta que decidí posarme sobre el suelo. Me encontraba en mi habitación, con los muebles cambiados de posición. Entonces, tal y como había planeado, decidí invocar un espejo, un espejo con unas propiedades muy especiales que me permitiría introducirme de lleno en un lugar impredecible pero a salvo de cualquier tipo de entidad peligrosa. Para ello simplemente di por hecho que el espejo estaba allí, y al mirar apareció.

Ya había estado antes en ese “plano astral” y no me daba muy buena espina por aquel momento lo que allí podía encontrarme. Todavía no estaba preparada para permanecer allí. Así que sin pensármelo dos veces me sumergí en el espejo, con la esperanza de aparecer en ese mundo inofensivo en el que nada podía ocurrirme.

Sin embargo, al traspasarlo volví a encontrarme en mi habitación. No lo había logrado. Apareció entonces un chico sentado sobre mi cama y me dijo que la única manera de atravesar el espejo era hacerlo con los pantalones bajados, osea, con el culo al aire. Estaba tan deseosa de conseguirlo que inmediatamente me los bajé y volví a intentarlo.

Y entonces sí, aterricé en un lugar como nunca había visto. Estaba rodeada de prados, las montañas eran altas y estrechas y había un sendero que decidí seguir para ver a dónde me llevaba. Caminé hasta que llegué a una especie de pueblo. Allí encontré un pequeño restaurante y decidí entrar. El dueño del lugar me dijo que podía pedir lo que quisiera y no sé por qué pedí un banana split. En cuanto me lo sirvió perdí la consciencia, recuerdo haber soñado más cosas aquella noche, pero los momentos más lúcidos son los que he relatado.

Desde entonces, gracias a la práctica he logrado tener sueños mucho más largos que ya relataré en próximos artículos y he aprendido técnicas para mantener la lucidez y no despertarme. Pero esta primera experiencia fue muy reveladora para mí, al comprobar que efectivamente, sí se podía ser consciente en los sueños, y que las posibilidades dentro de los mismos son prácticamente ilimitadas.

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